Pedro Lastra

Pedro Lastra

Ya hablaremos de nuestra juventud

Ya hablaremos de nuestra juventud,
ya hablaremos después, muertos o vivos
con tanto tiempo encima,
con años fantasmales que no fueron los nuestros
y días que vinieron del mar y regresaron
a su profunda permanencia.
Ya hablaremos de nuestra juventud
casi olvidándola,
confundiendo las noches y sus nombres,
lo que nos fue quitado, la presencia
de una turbia batalla con los sueños.
Hablaremos sentados en los parques
como veinte años antes, como treinta años antes,
indignados del mundo,
sin recordar palabra, quiénes fuimos,
dónde creció el amor,
en qué vagas ciudades habitamos.

Mestre de perrería

Asiduo de mí mismo sobrevivo
encerrado con llave y cerradura,
negando como Pedro la figura
que más me abruma cuanto más la esquivo.

Busco sobrellevarla y hasta escribo
la agilidad del agua que me apura
la vida como el mar (la matadura
de la luna y del sol al rojo vivo).

Escribo los ladridos a la luna
y al mar y al sol y a otros elementos,
o exalto el modo de las perrerías

con que la noche me ha enredado en una
palabrera madeja de lamentos
por ella y mis trabajos y mis días.

Mano tendida

¿Quién te exilió de mí, o me exilié yo mismo
como de mi tierra?
Fue un día lobo, un día tigre fue
de oscuras madrigueras,
o acaso un día halcón,
ave de presa y no de cetrería
que te diera el alcance y te trajera
a mi mano tendida.
Se borraron las líneas de esa mano
esperándote.
Hoy vuelves a grabarlas
con un poco de sangre.
La otra versión

La otra versión es la que escribo en sueños,
una voz que la letra retiene
repitiéndola
como una línea de Robert Desnos:
TANTO SOÑÉ CONTIGO QUE PIERDES TU
REALIDAD.

La otra versión eres tú, sigilosa,
cuando tus días pasan de largo a mi lado,
cuando el viento derrama
tu cabellera sobre mi memoria.
Discurso acerca de la palabra
(tema)

El sofismo es mi arma de combate:
no hay discusión y todo lo confundo
así como me enfundo y desenfundo
y hasta convierto el agua en chocolate.

Me autofascino yo con el dislate.
travestista del habla, a todo el mundo
meto y saco del caos en que abundo:
y a quien reclame, líe su petate.

Fuente soy yo de lo que nadie sabe.
A mí no me preocupan los sucesos
y la historia la escribo yo a mi gusto.

No hay prójimo que valga más que un ave:
yo le incrusto las plumas en los sesos
con precisión que imito de Procusto.